Violencia extrema en Pueblo Nuevo: Una patota irrumpió en una histórica panadería para atacar a un joven
El histórico barrio Pueblo Nuevo atraviesa una escalada de violencia que ha transformado la tranquilidad de sus calles en un escenario de «guerra» constante. Lo que comenzó como disturbios de fin de semana ha mutado en una situación de peligro extremo que mantiene a los vecinos en vilo desde los días jueves.
Una madrugada de terror en la panadería
El último episodio de violencia ocurrió este domingo en una emblemática panadería ubicada en Coronel Suárez y Maipú. Según relató su propietaria, Mabel Polam, el establecimiento se encontraba trabajando con las puertas abiertas debido al intenso calor cuando la violencia irrumpió en el lugar.
Una «patota» de seis personas perseguía a un joven que, en un estado de desesperación absoluta, buscó refugio dentro del sector de producción de la panadería. En medio del caos, los agresores irrumpieron en el local y atacaron a los empleados; el panadero resultó con arañazos en el pecho y los hombros al intentar frenar la invasión.
Un barrio «contaminado» y sin control
Los vecinos denuncian que la zona, comprendida entre las calles Independencia y Rivadavia, se encuentra «totalmente contaminada» por la salida de locales nocturnos. Mabel Polam describió el panorama como un «corsódromo» de violencia donde las peleas, tanto de hombres como de mujeres, incluyen piedras, golpes contra autos estacionados y música a volúmenes insoportables.
Ante la falta de respuestas, los residentes han comenzado a juntar firmas para exigir a la intendencia la presencia permanente de móviles policiales en puntos estratégicos como las esquinas de Independencia y Maipú. «Parecen animales en la forma en que proceden», sentenció Polam respecto a los niveles de agresividad registrados en las últimas tres semanas.
El detalle más siniestro: Un refugio a 400 grados
Lo más impactante y perturbador del relato fue el lugar que eligió la víctima para intentar salvar su vida. En medio de un ataque de pánico —descrito por los testigos como el de un «perro asustado»—, el joven se zambulló debajo de un horno pizzero que estaba funcionando a pleno rendimiento.
Mientras el panadero intentaba sacar la producción para que no se quemara, los atacantes forcejeaban con tal saña que llegaron a descolocar el horno encendido para intentar sacar al joven de su escondite a los tirones. El hecho pudo terminar en una tragedia masiva: el equipo estaba conectado a la red de gas y operaba a una temperatura de 400 grados, lo que —en palabras de los trabajadores— podría haber provocado una explosión o quemaduras fatales en medio de la riña.
Un llamado a la reflexión: La urgencia de la presencia estatal
Resulta inadmisible que un sector histórico de la ciudad se haya convertido en un «corsódromo» de violencia donde los trabajadores deben arriesgar la vida entre hornos y agresores. Esta situación no es un «antojo» de los vecinos, sino una necesidad básica de supervivencia para familias, niños y adultos mayores que hoy viven con miedo.
Es imperativo que el Intendente y las autoridades de seguridad recojan el guante y pasen de la reacción ante el llamado del 911 a la prevención real. El pedido es claro y concreto: presencia policial permanente con móviles apostados en puntos estratégicos como Independencia y Coronel Suárez para disuadir este descontrol antes de que el barrio lamente una víctima fatal. La gestión municipal debe entender que cuando el espacio público se abandona, lo ocupa la violencia; es hora de que la política regrese a las calles de Pueblo Nuevo antes de que el próximo «domingo de detonación» sea irreversible.
Con informacion de LU 32 – Radio Olavarria
