Tiempos de presencialidad plena: estudiantes que vuelven y quieren quedarse en la FIO
Tiempos de presencialidad plena: estudiantes que vuelven y quieren quedarse en la FIO, hay ganas de estar, de reencontrarse y de permanecer. Eso se respira en las aulas y en todo el campus universitario. Florencia Bellomo, psicopedagoga del equipo de Orientación de la Facultad de Ingeniería, lo analiza en términos de la pandemia y el después. Habla de una reconceptualización de la variable tiempo y explica de qué modo el Covid se convirtió en oportunidad.
“Lo que más aparece es el disfrute, el intercambio, la consulta. Los alumnos se quieren quedar en la facu y eso está muy bueno”, señala la licenciada Florencia Bellomo, feliz de estrenar la presencialidad plena en cada rincón de la Facultad de Ingeniería. Esos “cuadraditos” casi siempre “muteados”, que rara vez le ponían rostro al Zoom, hoy son estudiantes que se van apropiando sin dificultades de esa vida universitaria que la pandemia pausó por dos años.
Mientras apila apuntes del curso de orientación que dicta a quienes este año egresan del secundario, la psicopedagoga habla con optimismo de jóvenes que ya están en la Universidad y vuelven a las aulas, laboratorios y talleres de la FIO o estrenan su desembarco académico. Integra el equipo de Orientación de la Facultad de Ingeniería y asume que una de las cuestiones clave de esta nueva etapa pospandémica está asociada a la “reconceptualización de la variable tiempo”.
Tiempos de presencialidad plena: estudiantes que vuelven y quieren quedarse en la FIO, en el regreso a las clases presenciales han confluido varios factores que reconfiguran la vida estudiantil, donde es necesario barajar y dar de nuevo. Además de organizarse o, mejor dicho, re-organizarse. “Hubo que ajustar un montón de cosas desde la predisposición para la tarea; el recorrido de la distancia al ir a cursar; fue predisponerse desde el cuerpo no solo la mente pero era lo más deseado”, describe la profesional.
De la prepandemia a la pospandemia. En esa transición, “son muy pocos los que no pueden adaptarse a esta nueva modalidad, que es la vieja modalidad. Algunos manifiestan cansancio o fatiga hasta entrar en ritmo pero en la mayoría de los casos, y sobre todo para los que tuvieron la presencialidad en algún momento, esto era lo más deseado”, analiza la Lic. Bellomo.
Había una base previa:
Ir a la universidad durante el #QuedateEnCasa no fue sencillo pero demostró que una mayoría de estudiantes y docentes estuvieron decididos a dar batalla. “La virtualidad plena fue un gran desafío y un reaprendizaje para todos, estudiantes y docentes. Aparecieron nuevas estrategias pedagógicas, la revisión de contenidos y estrategias de evaluación… Fueron muchas cosas y apareció una revisión de la práctica docente que fue sumamente importante”, dice la psicopedagoga, centrando la mirada en la mitad del vaso lleno.
La Facultad de Ingeniería aplicó su propia receta para hacer frente a semejante crisis sanitaria, social y educativa. “Los nuevos aprendizajes y el uso de tecnología como instrumento pedagógico me pareció un aprendizaje maravilloso”, observa la referente del OVO.
La alfabetización online era el único camino y había que domesticarse a la fuerza. “Tuvimos que aggionarnos pero la facultad venía trabajándolo previamente con aulas virtuales, con Moodle y otras iniciativas de la virtualidad que está bueno resaltar. No era algo que había que pensarlo desde cero. La FIO estuvo a la altura de las circunstancias, al igual que sus docentes”, asegura Bellomo.
Ahora que el cara a cara volvió a ser un hecho cotidiano dentro del campus universitario “estaría bueno pensar la virtualidad como una alternativa más o complementaria de la presencialidad. No tiene que desaparecer. Nos costó tanto meternos de lleno” en el mundo de las pantallas que “desestimarla desde todo lugar me parece que no sería tan bueno”, apunta la psicopedagoga.
Lo que se perdió
Aprender y enseñar en medio de una cuarentena superpoblada de hisopados e incertidumbres resulto abrumador. El Zoom fue un aliado estratégico, impensable en tiempos de pre-Covid pero aun así fue muy enredado sostener cada cursada. “Muchos estudiantes se desorganizaron un montón y ahí la posibilidad del intercambio telefónico mantuvo los vínculos”, explica la licenciada Bellomo haciendo retrospectiva.
Eso obligó a pensar en nuevas estrategias aunque “muchísimas cosas igual se iban perdiendo de esa vida universitaria, algo que nos preocupaba muchísimo como equipo. Los estudiantes que empezaron la facultad en virtualidad y dejaron no conocieron los encuentros, bailes, actividades deportivas o culturales. Se los perdieron”, lamenta. El abordaje de la FIO es interdisciplinario y junto a la psicopedagoga trabajan las licenciadas María Inés Berrino (trabajadora social) e Ignacia Capitanich (psicóloga).
Hubo estudiantes que quedaron en el camino durante la pandemia y que “nunca vivieron ni transitaron la vida universitaria. Eso es un saldo negativo. Quizás esas personas puedan volver a la FIO para vivenciar la facultad presencial, es un desafío pendiente”, plantea la profesional.
Tiempos de presencialidad plena, pero al mismo
tiempo se activaron otros dispositivos para compensar los obstáculos que anteponía el coronavirus. “Hicimos mateadas virtuales, talleres y buscamos otras alternativas. Tuvimos muchas cosas favorables como los nuevos aprendizajes del uso de tecnología que permitió acotar distancias, encontrarnos desde cualquier lugar, de cualquier forma”, valora.
Oportunidad y pertenencia
Las aulas híbridas son experiencia y al mismo tiempo una oportunidad para “poder pensar que hay muchas alternativas y no hay una única manera de aprender. Hay estrategias nuevas, de flexibilidad, que nos suman como aprendizaje y como personas”, asegura Florencia Bellomo.
La posibilidad de revisar las prácticas docentes fue continua y el hecho de desplegar todo un abanico de estrategias terminó siendo productivo. “Estuvo bueno y desde ahí hay muchas preguntas que nos podemos hacer a partir de una nueva manera de enseñar. Fue increíble el intercambio entre docentes y estudiantes y en los encuentros que hicimos como parte del equipo hubo intercambios muy ricos”, destaca la integrante de OVO.
Eso sí, quedan en la balanza negativa quienes no pudieron adaptarse y abandonaron la facultad. “No solo hubo cuestiones económicas sino un montón de cuestiones como el uso de Internet, el acceso a una compu, la conexión mediante celulares. Ha sido un desafío enorme y hubo estudiantes que no pudieron ajustarse a esa nueva modalidad y no volvieron a la facultad”, expone la Lic. Bellomo.
Lleva siete años en la FIO y hoy siente estar frente a un escenario que deja atrás la pandemia pero que ya no será lo que era antes de que el Covid-19 diera vuelta el Planeta. “Hay que pensar en otras alternativas que vayan conviviendo. Tenemos que ir trabajando en las cursadas y en otras ofertas pero también volver a los bailes, al encuentro, a las hamburgueseadas, que hacen al sentido pertenencia y en la virtualidad era muy difícil de lograr”, reflexiona la psicopedagoga que cada día abraza con más fuerza la presencialidad plena.



