Pistas de asfalto y

Pistas de asfalto y persianas bajas: la radiografía de una semana al filo del delito en Olavarría

Quienes caminamos las calles con el oído atento a la frecuencia policial sabemos que el delito no descansa, sino que muta.

Varía sus formas, cambia de escenario, pero siempre deja un rastro. La última semana en Olavarría fue una muestra gratis de esa dinámica: un abanico que fue desde la crudeza de los asaltos a mano armada en plena tarde, pasó por el submundo del comercio ilegal de fármacos en comercios de barrio, y terminó en las banquinas de los operativos de tránsito, donde el alcohol al volante roza la ruleta rusa.

El primer golpe de calor en la crónica semanal llegó el domingo 17 de mayo. En cuestión de horas, dos kioscos y despensas de la ciudad se convirtieron en el blanco de un raid que encendió las alarmas de la Comisaría Segunda. Primero fue en la Avenida Colón al 4100; después, en Chiclana al 4000. El modus operandi repitió la matriz del miedo: sujetos que irrumpen, muestran el metal de un arma de fuego de puño, congelan la sangre de los empleados y se alzan con la recaudación antes de perderse a pie.

Pero el delito de hoy compite contra la tecnología. El gabinete investigativo rastrilló el tendido de cámaras públicas y privadas conectadas al Centro de Monitoreo Municipal, mientras los peritos de Policía Científica levantaban huellas e indicios invisibles para el ojo común en la escena del hecho. Con el mapa trazado, el fiscal Christian Urlezaga (UFI 7) y el juez de Garantías Carlos Villamarín activaron los hilos.

El resultado fue una serie de tres allanamientos simultáneos: cayeron en Álvaro Barros al 600, Dorrego al 4000 e Hipólito Yrigoyen al 4000, este último señalado como el búnker logístico donde la banda enfriaba lo robado. ¿El saldo? Ropa de valor probatorio incautada y un joven de 28 años tras las rejas de la Seccional Segunda. Un segundo cómplice quedó procesado, aunque recuperó la libertad supeditada a la causa. El mensaje de la calle fue claro: la impunidad en el asfalto dura lo que tarda en descargarse un archivo de video.

Sin embargo, el verdadero golpe de escena de la semana no se dio con armas largas, sino con guardapolvos y actas de infracción. En un despliegue pocas veces visto en la región, la SubDDI Olavarría lideró quince allanamientos simultáneos en comercios locales. El botín buscado no eran joyas ni cajas fuertes, sino blisters.

La investigación destapó una red de venta ilegal de medicamentos en locales no autorizados, una flagrante violación a la ley que estipula que los remedios se dispensan únicamente en farmacias. Los investigadores locales no actuaron solos: necesitaron el apoyo de las SubDDI de Las Flores, Tandil, Benito Juárez, Bolívar y la DDI de Azul, además del Comando de Prevención Rural y los inspectores de la Dirección de Farmacia del Ministerio de Salud provincial. Secuestraron montañas de fármacos y notificaron a los comerciantes de una causa penal que camina por la cornisa de la salud pública. El quiosquero de barrio que vende un analgésico por fuera de la ley ya no es una anécdota costumbrista; hoy es un imputado en una causa criminal.

Para cerrar el cuadro, la nocturnidad y las avenidas volvieron a demostrar que el peligro viaja sobre ruedas. Los operativos preventivos entre la Secretaría de Protección Ciudadana y la Policía Bonaerense dejaron ver dos realidades. Por un lado, la persistencia del robo de motovehículos: en Ituzaingó y Calle 126 recuperaron una Honda XR150 que tenía pedido de secuestro activo desde principios de mes.

Por el otro, la inconsciencia letal en el tránsito local. Las actas por alcoholemia positiva arrojaron números escalofriantes. El caso testigo de la semana fue un motociclista interceptado mientras manejaba a ciegas —con las luces apagadas—, sin registro, sin seguro, sin VTV y con un dosaje de 2.14 gramos de alcohol en sangre. Casi cinco veces lo permitido antes de la vigencia del alcohol cero. A las pocas horas, otros dos automovilistas sumaron sus nombres a la lista de infractores (con 0.57 y 1.34 g/l) tras ser descubiertos doblando en «U» y manejando a contramano por las arterias de la ciudad.

Olavarría cierra otra semana de suspenso y números rojos. Entre las luces de los patrulleros que iluminaron los allanamientos y los destellos de las grúas municipales que acarrearon autos de conductores ebrios, la crónica policial nos recuerda que el orden y el caos se disputan la ciudad cuadra a cuadra, todas las noches.

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