Peronismo y procrastinación: ¿por qué Kicillof retrasa el diálogo con Cristina Kirchner?
Peronismo y procrastinación: ¿por qué Kicillof retrasa el diálogo con Cristina Kirchner?, la lógica detrás del plan del gobernador para negociar lo más tarde posible. El rechazo a un llamado clave y la llamativa filtración sobre una candidatura bonaerense de Máximo. Massa aprovecha la derrota de Milei para sus propios fines.
La pésima semana política de Javier Milei funcionó como telón de fondo y, a la vez, como incentivo de una serie de llamativos, pero poco advertidos movimientos que confirman que el centro neurálgico del mundo opositor, la pelea entre Axel Kicillof y Cristina Kirchner, probablemente seguirá congelando al peronismo al menos hasta principios del año que viene. Y eso, incluso, aunque los intereses de la Expresidenta hayan confluido con los de Sergio Massa en un intento de acelerar los tiempos de una definición por ahora imposible: la de la conducción.
“No vamos a negociar ahora, porque hoy eso implica un entendimiento entre pares, el año que viene será otra cosa: cuanto más tiempo pase Axel será menos un igual y más el pre candidato más instalado y podrá imponer condiciones”. Directo, uno de los coroneles del Movimiento Derecho al Futuro explica el razonamiento detrás de lo que algunos llaman paciencia estratégica y otros falta de carácter del gobernador. En todo caso, es la evaluación que justifica su decisión de confrontar solo con Milei, sin prenderse en un golpe por golpe final con Máximo Kirchner.
La explicación dista de ser un ejercicio teórico: en la cúpula del MDF creen estar en medio de un intento de “acelerar los tiempos” para forzar una negociación anticipada que defina ya el esquema de poder en el peronismo. Y por eso despliegan un esquema para resistirlo. De ahí que en los próximos meses, para ellos la centralidad estará puesta en el ordenamiento del hasta ahora caótico armado territorial. Una tarea que recayó en Carlos Bianco a nivel bonaerense y en Andrés Larroque en lo nacional. Gabriel Katopodis, y los intendentes Alak y Ferraresi tendrán roles también. Hacia septiembre, habrá un acto para exhibir el avance en este plano.
La presentación de Cristina ante la ONU y una filtración que atribuye a Cristina la decisión de que Máximo sea candidato a gobernador bonaerense son leídas en Gobernación bajo el prisma del plan para acelerar los tiempos. Pero hay algo más, mucho más concreto: un nuevo intento para producir el mentadísimo encuentro entre Axel y Cristina, que habría partido de San José 1111 la semana que acaba de terminar. La respuesta -fue un llamado- fue inmediata y tajante: “hasta diciembre o enero no vamos a conversar de nada, no están dadas las condiciones”.
La eliminación de la reforma de la ley de manejo del fuego dio pie a otro hilo de esta trama: el intento de Massa de aprovechar esa derrota de Milei para acelerar un nuevo intento de instalar su figura. En la mañana de viernes los teléfonos de los periodistas políticos hirvieron con una confidencia interesada: decía que Sergio había hecho valer su influencia con los gobernadores Saenz, Jaldo, Figueroa y Pasalacqua para darle el tiro de gracia al proyecto, igual que unas horas antes había trabajado contra el capítulo de extranjerización de la tierra. Algunos allegas al kirchnerismo, con notoriedad pública, se prendieron en el relato.
“Sergio Massa le ganaría hoy a Javier Milei si se repitiera el ballotage”, fue la segunda comunicación que partió del eficaz sistema “off the record” del Frente Renovador, inmediatamente después de la “confidencia” sobre el llamado a los gobernadores. Adjunta a ese mensaje, se distribuyó una encuesta de Alaska, la consultora de Juan Courel, que indica que el exministro de Economía se impondría por 53,7% contra 46,3% de Milei en un balotaje, debido al “impacto del deterioro del poder adquisitivo, la caída del consumo y el malestar generado por las políticas económicas del gobierno”, entre otras variables.
Massa pudo haber sido decisivo o no en la decisión de darle la espalda a Milei que tomaron los gobernadores que habitualmente acompañan al Presidente; Cristina pudo no haber cerrado la candidatura de Máximo o no; ambas movidas pueden estar coordinadas o ser una simple confluencia de intereses provisorio, de Massa para seguir en la conversación, de ella para juguetear con el apoyo a un plan B si finalmente sigue imposibilitada de presentarse. Para Kicillof no importa: él lee un eco entre los dos movimientos y eso refuerza su convicción de que cuánto más tarde en negociar, mejor.
La estrategia, de todos modos, supone niveles de riesgo importantes: Buenos Aires es una provincia impredecible, complejísima. Acaso más difícil de gobernar que el país. Puede haber un episodio de inseguridad que desate una reacción de indignación ciudadana como sucede con periodicidad casi cíclica; puede haber una demora en el pago de salarios que produzca un paro prolongado. Todo eso, admiten en Calle 6 “puede ocurrir y adiós la ventaja política de no negociar ahora”.
Pero aún así la decisión está tomada: esperar bajo la hipótesis de que el transcurso del tiempo desinflará a Cristina, mellará su poder de daño -y el de Massa- y le dará al gobernador una posición fuerza mejorada desde la que invertir la ecuación y negociar con más margen de maniobra. Para bien o mal, solo entonces se sentará a la mesa de las definiciones, para un acuerdo o para una interna.
Fuente: DIB por Andrés Lavaselli
