«Perdimos todo pero ganamos mucho»: El conmovedor testimonio de un mecánico tras el incendio total de su taller de 30 años de trayectoria
«Perdimos todo pero ganamos mucho»: El conmovedor testimonio de un mecánico tras el incendio total de su taller de 30 años de trayectoria, la solidaridad de la comunidad, el dolor por una historia familiar convertida en cenizas y la firme promesa de responder ante sus clientes marcaron el día después de una tragedia que conmovió a los vecinos.
El humo ya se había disipado, pero el paisaje en el interior del taller era desolador. El fuego no dejó nada en pie: ni techos, ni pisos, ni siquiera el revoque de las paredes. Sin embargo, para Sergio Modarelli, el protagonista de esta historia, el balance de la catástrofe tiene un matiz inesperado. En medio de la pérdida absoluta, lo que prevalece es la gratitud inmensa hacia una comunidad que se volcó de inmediato a socorrerlo.
En una entrevista exclusiva con la periodista Claudia Bilbao, Modarelli relató cómo vivió las horas posteriores al incendio que arrasó con el esfuerzo de tres décadas. «El día después fue sacar todo el escombro, todo lo que teníamos adentro… no quedó nada, absolutamente nada», expresó con dolor, aunque rápidamente su voz se llenó de emoción al hablar del respaldo recibido. «Perdimos todo, pero ganamos mucho: ganamos el cariño de la gente. O mejor dicho, no lo ganamos, ya lo teníamos, y hoy lo demostró. Algo bien habremos hecho».
Solidaridad sin fronteras
La respuesta de la comunidad superó todas las expectativas. Desconocidos, vecinos y colegas del rubro automotor se acercaron de inmediato para ofrecer una mano, ya sea mediante ayuda económica, herramientas o incluso abriendo las puertas de sus propios talleres para que Sergio pueda seguir trabajando.
Entre las múltiples muestras de afecto, hubo un gesto que lo marcó profundamente y que, según confesó, le «rompió el corazón»: la visita de un cartonero que se acercó para entregarle 2 mil pesos, diciéndole que seguramente lo necesitaba.
Asimismo, el mecánico tuvo palabras de profundo agradecimiento para el cuerpo de bomberos, a quienes pudo saludar uno por uno tras recibir el alta médica, y adelantó que volverá a comunicarse con ellos para reiterarles su reconocimiento.
Responsabilidad y honor frente al dolor
Uno de los momentos más angustiantes tras un siniestro de estas características es la situación con los vehículos de los clientes. Con total transparencia, Modarelli aclaró el panorama respecto al seguro del lugar y la pérdida material: «El taller no tenía seguro, pero los autos de los clientes sí lo tenían. Vi que decían que el mecánico tiene que pagar los autos; nosotros los vamos a pagar, no hay ningún problema. Los seguros ya están al tanto y, si hay una diferencia que pagar, lo haremos. No tenemos nada, pero vamos a sacar de donde sea para pagar lo que tengamos que pagar».
Entre las pérdidas más dolorosas se encuentra un automóvil muy particular, un Chevrolet Corsa clásico y único en la provincia, cuyo dueño cuidaba como a un hijo. Sergio recordó que, irónicamente, había movido otros vehículos para evitar que se rayaran, prometiéndole al propietario que lo cuidaría especialmente, antes de que el fuego lo consumiera durante la noche.
Treinta años de esfuerzo familiar
Modarelli recordó que trabajaron con normalidad hasta las 17:00 horas. Las causas del incendio aún se investigan, pero los papeles están en orden y la habilitación al día. Tras pasar la noche en vela —con la desesperación de querer llegar al taller a las cuatro de la madrugada—, hoy la prioridad es limpiar y mirar hacia adelante.
«Me duele mucho porque son 30 años de esfuerzo de mi papá y míos, pero tarde o temprano lo vamos a recuperar. Fue todo material», concluyó con resiliencia, demostrando que cuando el fuego destruye las estructuras, solo queda en pie la dignidad, el trabajo honrado y los lazos construidos con la comunidad.
