Entre el «clavo» del 2,9% y el freno a la actividad: el dilema de Toto Caputo
El reciente dato de inflación de febrero, que el INDEC fijó en un 2,9%, no es solo un número en la planilla oficial; es el síntoma de una economía que se encuentra en un delicado equilibrio de «pax cambiaria» sostenida a costa de una profunda recesión. Mientras el ministro de Economía, Luis «Toto» Caputo, celebra la cifra como parte de una «corrección de precios relativos», la realidad subyacente muestra un escenario donde el Gobierno no puede —o no quiere— soltar los pesos necesarios para reactivar el consumo.
El «techo» del 2,9%: ¿Éxito o estancamiento?
Por segundo mes consecutivo, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) se mantuvo en torno al 2,9% (venía de un valor similar en enero). Para el Palacio de Hacienda, este número es una victoria política: evita que el índice comience con el temido «3», lo cual rompería el relato de la desinflación sostenida. Sin embargo, para analistas y consultoras, este «clavo» del 2,9% revela una inflación núcleo que se resiste a bajar (marcó 3,1%), impulsada principalmente por los aumentos en servicios regulados y alimentos clave como la carne.
La trampa de la liquidez: Por qué no vuelven los pesos
El eje central del conflicto político-económico actual es la negativa de Caputo a expandir la base monetaria. El diagnóstico del ministro es estricto: cualquier peso de más en la calle se irá directamente al dólar, desestabilizando la brecha cambiaria.
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Consecuencia: El Banco Central continúa absorbiendo liquidez de manera agresiva.
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Impacto: Sin pesos circulando, la actividad económica no encuentra piso para rebotar. El consumo masivo y la industria PyME son los sectores que más están pagando el costo de este «ordenamiento macroeconómico».
3. El factor político: Tensiones con el sector privado y el FMI
La nota subraya un malestar creciente. Por un lado, el FMI observa con lupa la decisión de no aplicar el nuevo índice de precios anunciado previamente (que podría haber dado un número más alto), lo que genera dudas sobre la transparencia estadística. Por otro lado, los sectores productivos empiezan a reclamar medidas de alivio, pero Caputo responde con una lógica financiera: primero el superávit y la absorción de pesos, después (en un futuro incierto) el crecimiento.
¿Qué esperar en marzo?
A pesar del optimismo oficial que proyecta una inflación cercana al 0% para agosto, marzo se presenta como un desafío crítico. Los aumentos estacionales (educación, cambio de temporada) y los ajustes en tarifas de gas y electricidad amenazan con empujar el IPC nuevamente por encima de la barrera del 3%, poniendo a prueba la resistencia del modelo de «ajuste infinito» de Caputo.
Caputo ha logrado domar la volatilidad financiera inmediata, pero se encuentra en una encrucijada: si mantiene el torniquete monetario para controlar la inflación, corre el riesgo de que la parálisis económica erosione el capital político del Gobierno; si suelta pesos para revivir la actividad, la inflación podría volver a espiralizarse. Por ahora, la orden de la Casa Rosada es clara: el orden macro no se negocia, aunque la calle siga seca.
