Editorial: Cuando el humo nos ciega y la desidia nos quita la vida
Editorial: caundo el humo nos ciega y la desidia nos quita la vida, La noche del lunes 5 de enero no será recordada como una jornada más de verano en Olavarría. Las sirenas que rasgaron el silencio a las 21:30 marcaron el inicio de una tragedia que hoy nos obliga, como comunidad, a mirarnos al espejo y preguntarnos qué estamos haciendo con nuestros adultos mayores.
El incendio en la residencia «El Hogar de la Sabiduría», ubicada en 25 de Mayo y 110, se llevó la vida de Delia García (96) y Estela María Tachella (83) y Omar Antonio Beraz (84). Pero más allá del fuego —presuntamente originado por un desperfecto eléctrico en un ventilador— lo que realmente asfixia es la trama de precariedad que quedó expuesta bajo la luz de las pericias.
Desde Defensa Civil se confirmó que el establecimiento no contaba con habilitación provincial para funcionar. Peor aún, la estructura misma se convirtió en una trampa mortal: los bloques de telgopor en la losa generaron un humo negro y altamente tóxico que inundó el primer piso, dificultando un rescate que tuvo que realizarse de forma heroica por ventanas y balcones.
Es aquí donde surge la contradicción más dolorosa de nuestra sociedad. Por un lado, el heroísmo desmedido de los Bomberos Voluntarios, quienes llegaron a quitarse sus propias máscaras de oxígeno para salvar una vida más, terminando ellos mismos internados en terapia intensiva. Por el otro, la frialdad de un sistema donde la demanda de hogares es tan alta que se termina tolerando la irregularidad bajo el argumento de que «si se aplicara la norma, no habría geriátricos abiertos».
No podemos permitir que la resignación económica sea la que dicte las normas de seguridad de quienes más cuidados necesitan. La pérdida de Delia, Estela y Omar no debe quedar en un balance estadístico de siniestros viales e incendios de pastizales. Interpela directamente a la fiscalización del Estado —tanto provincial como municipal— y a nuestra responsabilidad como sociedad civil de no mirar hacia otro lado cuando las «residencias» son, en realidad, edificios sin las condiciones mínimas de accesibilidad y seguridad.
Hoy, mientras 35 personas continúan internadas y los peritos de Azul buscan responsabilidades legales, Olavarría debe exigir respuestas claras. Los pedidos de informes en la Cámara de Diputados y en el Concejo Deliberante son pasos administrativos necesarios, pero la verdadera «sabiduría» que debemos recuperar es la de proteger a nuestros abuelos antes de que el humo vuelva a ser el protagonista de nuestras noticias.
La valentía de los bomberos y el llanto de las familias en la vereda del Barrio Isaura son el testimonio de una ciudad que se niega a ser indiferente. Que este dolor se transforme en la acción urgente que evite que la desidia se siga cobrando vidas en el silencio de un hogar no habilitado.
