Del gigante del cemento

Del Gigante de Cemento a las esquinas de Tandil: El drama del olavarriense que pide «reglas claras»

Del Gigante de Cemento a las esquinas de Tandil: El drama del olavarriense que pide «reglas claras», en la controversia por la prohibición de limpiavidrios y «trapitos» en Tandil, una historia resuena con particular fuerza para nosotros: la de Guillermo, un olavarriense que, tras toda una vida de trabajo formal, hoy se encuentra en la encrucijada de la calle y la exclusión.

Su relato no es el de un «oportunista», sino el de un trabajador desplazado por la mala fortuna y la falta de redes de contención. Guillermo cargó durante 24 años con el orgullo de trabajar en Loma Negra, un pilar de nuestra identidad industrial. Sin embargo, un accidente laboral (un golpe en la cabeza) le cambió la vida para siempre, dejándolo con una discapacidad y, eventualmente, sin un techo.

De la fábrica a la situación de calle

Hace cuatro meses, Guillermo dejó Olavarría buscando un nuevo horizonte en la vecina ciudad de Tandil. «Allá no hay movimiento», confesó, refiriéndose a la quietud económica que lo empujó a probar suerte. Pero la realidad fue más dura de lo esperado:

• La barrera del alquiler: A pesar de haber llegado con ahorros, las exigencias del mercado inmobiliario lo dejaron fuera.

• La dignidad del oficio: Ante la falta de empleo, eligió limpiar vidrios. «No molesto a nadie, no tengo antecedentes», asegura, marcando una distancia ética frente a quienes utilizan la calle para el conflicto.

La propuesta: ¿Prohibir o Controlar?

Frente al proyecto de la Secretaría de Protección Ciudadana de Tandil de prohibir la actividad de raíz, Guillermo ofrece una mirada pragmática y conciliadora. En lugar de la exclusión total, propone la formalización:
“Para mí a los que estamos laburando así tendrían que darnos algo como un carnet. Que en tal esquina estés vos parado, con nombre y apellido. Y si hay algún problema, que vengan y te digan a vos”.

Para Guillermo, la prohibición es una injusticia donde «pagan todos por culpa de algunos». Su pedido es simple: reglas de juego. Que el Estado, en lugar de borrarlo del mapa urbano, lo identifique y le permita ganarse el pan de manera ordenada.

Un espejo para la región

La historia de Guillermo es un recordatorio de la fragilidad laboral. Un trabajador con dos décadas de aporte en una de las empresas más grandes del país puede terminar, por un azar del destino, durmiendo en una plaza.
Mientras Tandil debate sus ordenanzas, Guillermo sigue esperando que su pensión salga y que, mientras tanto, el trato respetuoso de los vecinos sea suficiente para sobrevivir un día más.

Fuente: El Eco Tandil

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